Este enfoque es promocionado por el
budismo tradicional hasta cierto punto, dado que la práctica de la
meditación en la calma mental nos ayuda a calmar nuestras mentes.
Uno puede ver los beneficios de tener una práctica de
meditación a medida que uno desarrolla una sensación mayor de
calma. Cuando la gente reacciona de manera negativa, puede que no
reaccionen de manera volátil. Uno se mantiene calmo y se siente
orgulloso de que la meditación de uno funcione.
Sin embargo, la tradición budista
nunca ha promovido la meditación en la calma mental como una manera
de tratar con nuestros disturbios emocionales y negatividades. Debemos
comprender que nuestras emociones perturbadoras nunca se irán a
través de este tipo de meditación, dado que calmar la mente y
las emociones no es lo mismo que transformar la mente. Puede que mejoremos
la manera en que manejamos nuestras emociones negativas cuando las cosas no
estén demasiado mal, pero cuando experimentamos algún tipo de
crisis, nuestra práctica meditativa no impedirá que nos
veamos lanzados en estados profundos de depresión,
desesperación o confusión. Hasta podremos dudar de la
eficacia de la meditación en sí misma, sintiendo que no hace
más que cumplir con una función cosmética si solamente
funciona cuando las cosas andan moderadamente bien.
Sin embargo, la gente solamente llega a
esta conclusión si poseen una comprensión equívoca de
la meditación. Si no equiparamos el calmar la mente con la
transformación mental, no cometeremos el error de pensar que la
meditación sobre la calma es el objetivo de la práctica
budista. Debemos pensar en la mente en términos de
transformación, porque ese es el verdadero objetivo de la
meditación.
Esto no significa que calmar la mente sea
desaconsejado por el budismo; por el contrario, la meditación en la
calma mental es promovida en las prácticas budistas. Sin embargo, es
solamente enfatizada al comienzo de nuestra práctica y solamente
como base en nuestros esfuerzos por transformar la mente. La única
manera de comprender nuestra mente es al comprender nuestra vida mental y
emocional. Necesitamos comprender cómo surgen nuestras emociones,
por qué surgen, y qué hacer con ellas una vez que
surgen.